Contrastes de MAGDEBURGO

Magdeburgo (Alemania)

“La historia es un incesante volver a empezar”

-Growing Old-

Nunca antes había oído hablar de Magdeburgo hasta que una mañana de invierno sobre las 6.15h mi mejor amiga la mencionaría con una leve incertidumbre.

-Quizá nos mudemos a Magdeburgo!

Ese quizá sonó triste pero a la vez esperanzador aunque en mi corazón sonó como una bofetada.

-¿Porqué? Quiero decir que si es bueno para vosotros me alegro mucho aunque en realidad y sin quizás me entristece saber que se acabarán nuestros bocadillos de atún matutinos, mientras nos animamos a tener un día espléndido en los trabajos de ambas.

Y así fue como un quizá se convirtió en un seguro y con ese seguro se terminaron nuestros desayunos en nuestra ciudad natal para dar paso a infinidad de conversaciones por whatsapp interrumpidas por nuestras jornadas laborales pero que con mucho cariño seguirían manteniendo nuestra amistad en la distancia.

Y pasaron 6 meses hasta el 7 de diciembre, momento en el que Javi y yo nos embarcábamos en un avión rumbo a uno de los mejores abrazos para disfrutar del cariño de una amistad y descubrir otro lugar del mundo.

Los Alpes

Todos los lugares tienen sus historias, siempre grandes historias para quien forma parte de ellas y curiosamente siempre grandes para mí. Me entusiasma escuchar a la gente contar recuerdos, momentos únicos y transcendentales en la vida de muchos.

Alemania es uno de esos países que tiene mucho por contar, pero además de la del propio país, también sus habitantes.

En esta ocasión empezaremos contándoos nuestra historia en nuestro paso por Magdeburgo, seguiremos con una entrada dedicada a los pueblos Quedlinburg y Wernigerode y dedicaremos una última entrada a Berlín.

Volamos al aeropuerto de Berlin Tegel. De los dos aeropuertos que hay (aeropuerto de Tegel y aeropuerto de Schönefeld) el de Tegel es el más cercano al centro de la ciudad, unos 10 o 11 km de distancia. Digamos que aunque nos hemos acostumbrado a pasar tiempo en los aeropuertos no es que nos apasione la idea, pero si se tiene que hacer se hace y esta vez era más especial que las anteriores, pues quien nos pasaba a buscar era Sara.

 

Mi mejor amiga venía desde Magdeburgo a recogernos, ciudad que se encuentra a 155 km de distancia de Berlín. Esperamos tomando un café en la terminal, aeropuerto que no es precisamente bonito, mientras hacíamos tiempo tratábamos de recordar la historia de Alemania. Básicamente teníamos el recuerdo de la Alemania nazi y la Alemania comunista.
Y en esas vino Sara a buscarnos. Resulta que cuando tienes a alguien que quieres mucho en la distancia las ganas de verla se incrementan, aunque haga poco que la has visto sabes que no puedes verla siempre que quieres porque hay una distancia física que te separa de esa persona.

Así que la sonrisa se me dibujó en la cara mientras nos buscábamos por el parking de enfrente del aeropuerto.

Allí estaba ella y el frío del invierno alemán que nos acompañaría en toda nuestra estancia allí. De nuevo juntas y durante 4 días, total de días que íbamos a pasar visitando la cara este de Alemania.

Llegamos a su bonito y caliente piso de Magdeburgo en un edificio con aire clásico de Art Nouveau en una calle romántica llena de adoquines que nos recordaba un poco al estilo arquitectónico parisino. Una calle con mucho encanto donde la mayoría de edificios se construyeron en 1900. En su interior una mezcla entre nórdico e industrial muy acogedor que nos hace sentir como en casa.

Magdeburgo

Dejamos nuestro equipaje a la vez que Josep llegaba y se unía a nosotros, salimos a cenar algo por el centro de la ciudad y lo primero que nos sorprende es ver la diferencia de estilo de las edificaciones de la zona donde viven nuestros amigos, a la del centro donde todo tiene un aspecto ocre y los edificios son todos iguales, bloques de hormigón en color ocre, gris y cemento, obras constructivistas, marca de la arquitectura comunista.

Josep, amante de la historia nos explica por encima la historia moderna de Magdeburgo y el motivo por el que hay tanta diferencia en las edificaciones de la zona donde viven a esta zona.
Nos explica que es obra de la destrucción que sufrió la ciudad durante el azote de la II Guerra Mundial. Esta es una de las ciudades más antiguas de Alemania, que ha visto en dos ocasiones como la ciudad se destruía y quedaba reducida a cenizas. La primera en 1648 y la segunda y más actual, la sufrió durante la segunda guerra mundial con la destrucción total del casco antiguo.

Así es que cuando terminó la guerra y llegó el momento de la reedificación, Magdeburgo al estar en la zona este de Alemania y ésta bajo el régimen comunista de la RDA todas las nuevas viviendas fueron edificadas en masa usando paneles de poliuretano construyendo bloques de apartamentos casi idénticos. Pues los recursos financieros estaban bajo el control total del gobierno y todas las edificaciones de apartamentos tenían que ser financiadas por el estado.

De acuerdo con la ideología comunista, la prioridad era construir ciudades socialistas y por este motivo las ciudades destruidas en la guerra mundial no fueron reconstruidas como eran antes.

De hecho en la mayoría de edificios se podía ver el cemento o directamente el hormigón, pues no gastaban recursos en pintar los bloques de apartamentos.

Cenamos en Alex , un restaurante que se encuentra en el centro de Magdeburgo.
Sara y yo nos pedimos un plato típico gastronómico de la región de Alsacia aunque ha ganado popularidad en Alemania, en este caso la recomendación se trataba del Flammkuchen, una especie de tostada o más bien de pizza en forma rectangular de masa fina e hiper crujiente, con cebolla bacon, nata líquida y puerro crujiente.
Josep un plato de patatas fritas con piel, conocido como Rustic Fries y Javi una hamburguesa con patatas.

Nos dieron las 2 de la madrugada hablando, contándoles anécdotas de nuestra luna de miel y escuchándoles hablar sobre historia y precisamente de como la historia les había llevado hasta allí.

Al día siguiente ellos trabajaban hasta el medio día, y nos recomendaron salir a desayunar a una de las dos cafeterías que se encuentran en la misma calle donde viven.
La primera haciendo esquina la cafetería Schäfer’s Brot und Kuchenspezialitäten

La otra opción fue la elegida, Café Feiner Dame a 80 metros de la anterior. Una bonita cafetería con grandes ventanales que dan a la calle de adoquines y donde degustamos unas tartas buenísimas acompañadas de un latte macchiato.

Cafe Feiner Dame

Cafe Feiner Dame 2

Cafe Feiner Dame 3

Al acabar de desayunar decidimos dar un paseo por esas calles mojadas por la humedad y el rocío de la mañana, donde los árboles de cada lado de la calle le han dado un aspecto salvaje a la vez que sus edificios lo adornan de romanticismo.Magdeburgo 2

Magdeburgo 3

Mientras paseábamos Sara llamó a nuestro teléfono informándonos de que acababa de salir, nos pasaba a buscar e iríamos a buscar a Josep mientras por el camino decidiríamos donde ir de excursión.

 Quedlinburg y Wernigerode 

Al regresar de nuestra visita por estos pueblos y aunque no teníamos hambre, teníamos una gran recomendación (una recomendación muy intelectual) de Sara y Josep y apostamos por esa grata recomendación que ahora os hacemos a todos vosotros.
El Strudelhof Kaffeehaus de Magdeburg, un local increíble donde muchas tardes/noches hay música indie folk en directo y donde tuvimos la grata sorpresa de disfrutar de una de esas noches de música en directo acompañados de nuestros amigos mientras (quizá sea lo mejor del lugar) nuestro paladar pudo disfrutar del auténtico apfelstrudel, un delicioso manjar que hasta el olor que desprende te seduce. Una especie de tarta de manzana caliente o mejor dicho, templada con una especie de crema o mermelada de manzana, toque de canela y un contrastado helado de vainilla que contrarresta el ácido de la manzana con el dulce de la vainilla.

Strudelhof Kaffeehaus de Magdeburg

A la velada nos acompañó la música en directo de una pareja israelí que cantaban y tocaban la guitarra de sus propias melodías y letras. Justo para esas fechas iban a grabar su primer álbum juntos.

Strudelhof Kaffeehaus de Magdeburg 2

Liad Fer y Gal Paloma.

Nuestros amigos no se pudieron resistir a comprarles un cd a cada uno.
Esta visita a Magdeburgo nos ha adentrado un poco más en la historia de un país con mucho que contar, un carácter diferente con una gastronomía rica en aromas. Una visita con muchas risas y que para mí ha sido muy especial por la compañía. 

Y todos los lectores que tengan en mente hacer una visita por Magdeburgo recomendarles un 200% la visita a este último local de música en directo para probar el artesano apfelstrudel.

¡AUF WIEDERSEHEN!

 

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